(Concierto) Vive Latino 2018: Más o Menos Bien

La profecía de la industria del entretenimiento pareció haberse cumplido: Como en un mal video musical de música electrónica, 8 jóvenes adolescentes encontraron en un festival de música lo que pareció ser una probada de la felicidad en su expresión más pura. Risas, baile, sonrisas; todo por lo que el ser humano lucha día tras día fueron vividos por tan solo 1600 pesos más impuestos.

Todo inició con Chicano Batman. Corriendo como locos de un lado a otro para poder acabar en 40 minutos escasos y vestidos en un traje de lana morada con moño negro y mocasines, Bardo Martínez y Eduardo Arenas les dieron a sus fans una sobredosis de psicodelia tropicalia. Completo con solos de teclado a mano arrastrada y alusiones a poesía Mexica y problemas chicanos en la frontera, el escenario irradiaba color tanto por las letras como por el viaje que su música causaba. En “La Manzanita”, canción favorita tanto por los fans como por la banda, desconocidos se volteaban con su vecino para bailar la cumbia más Hipster y progresiva que el mundo ha tenido la gracia de dar a luz.

Del otro lado, profetizando un día antes el final del Vive con la temática de la Creación-Destrucción en la naturaleza, el DJ Nicola Cruz hizo de las flautas de pan, los bongos y la música tradicional indígena en un viaje astral electropico color verde sintético. A 80 bpm Cruz lentamente transformó esta naturaleza viva en un rojo pulsante, fuego ardiente y naturaleza muerta. Con sintetizadores abstractos y chillantes totalmente opuestos a lo orgánico que le había dado pie, el apocalipsis se avenía mientras un bailaba al ritmo de este.

Si existe una definición formal de un concierto de electrónica utópico, Mexican Institute of Sound la domina. Aquí la distinción entre fiesta y concierto se rompió por completo y el pandemonio se soltó. Creando sonidos y ritmos de Reggeaton, Cumbia, Rap, Electrónica y Rock con sintetizadores, batería, trompetas y acordeón, M.I.S lograron hacer lo que pocos artistas logran hacer: crear euforia colectiva en cada espacio cúbico. Con figurines prehispánicos rapeando, trompos, y juegos de lotería en la pantalla, Camilo Lara cantó sobre lo difícil que es ser raro, camisetas de la NASA, y ser dejado en visto por Whats App. Lo incoherente se encarnó en diversión pura: víboras de la mar, mosh pits, y círculos de baile nacían tan naturalmente que la gente participe parecía convertirse en un solo ente.

Todas las bandas más grandes del cartel cumplieron con las expectativas. El amarillismo y la incoherencia política de Morrisey por supuesto apareció, las guitarras distorsionadas de Molotov ahogó de quejas contra el gobierno al Foro Sol uniendo a los mexicanos de la única forma que el odio hacia el gobierno puede, la sabiduría totalmente menospreciada de Residente apareció entre canción y canción tras enumerar todas las razones por las que Latinoamérica es hermosa y el dinero no lo es, Queens Of The Stone Age creó el Rock más puro de todo el festival, y Damon Albarn ahogó de bajo a los presentes para que estos no olviden cuánto aman a las mejores canciones de Gorillaz.

Pero no todo en la vida es un carnaval, ni siquiera en los carnavales mismos. En las profundidades de la psique juvenil y a no más de 100 pasos del escenario principal, un grupo de personas tiradas en el piso con pinta de estar intoxicados eran ignorados. La confusión entre felicidad y autodestrucción hacía de la enajenación algo palpable mientras todos los demás volteábamos a ver las luces neón con la urgencia de vivir en tiempos donde esto solo se puede hacer con un ojo tapado. Vi a niños de 10 años con cara de cansancio infinito a la 1 de la mañana, bultos, alcohol, drogas, policías amenazando a gente. Y mientras sonaba “On Melancoly Hill” en la presentación más hermosas de todo el festival, recordé preguntarme si acaso esta felicidad era verdadera, o si sólo era un muro para separarme de aquellos que estaban a 100 pasos de mí.

La felicidad que sentí con mi hermano y mis 6 amigos fue verdadero y le doy gracias a todo por haber tenido la oportunidad de experimentarlo, pero la realidad siempre lo acaba alcanzando a uno y la melancolía regresa.

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