The Voidz – Virtue (Rock Experimental)

Calificación: 8+/10 (Recomendación)

El nuevo disco de Julian Casablanca (xx-cantante de The Strokes) con su banda, The Voidz, es un desastre de principio a fin. Combinando Rock, Nü Metal, Electronica y Dubstep con guitarras eléctricas, y sintetizadores psicodelicos y bien cargados de bajos explosivos de forma incoherente y sorprendente, Virtue es prueba de que el desastre también puede ser buena música.

El disco empieza con “Leave it on My Dreams”, una rendición a The Strokes y Little Joy con sintetizadores chillantes, que en primera instancia no le da buenas expectativas a lo que sigue. Esta primera canción te prepara para escuchar lo que Albert Hammond Jr. hizo mejor: otro disco de The Strokes pero con otro nombre.

En lugar de seguir con este camino, The Voidz lanzan una bola curvada con “QYURRYUS”. Una explosión de bajos y sintetizadores ahogan de la nada a las bocina, con gritos agudas vocalizadores y solos de sintetizadores a la Tom Morello. Es aquí donde la portada del disco empieza a tomar sentido: uno se teletransporta a una dimensión digital donde cada paso es un bajo, cada sonido un sintetizador, cada pensamiento es crítica social amarillista, y todo es violencia. De este pedestal el disco nunca baja y se mantiene firme ante su desmadre.

Nunca he tenido la oportunidad de escuchar el disco debut de The Voidz y verdaderamente lo lamento porque no tenía ni la más remota idea de que Casablancas fuera tan bueno haciendo música electrónica. Su uso de poliritmos es inmaculado, creando aventuras rítmicas como “All Wordz Up” y “Wink” que simplemente hacen olvidar toda la experimentación que está detrás por su calidad.

Además de tener ritmo interdimensional, canciones como “Pyramid of Bones” (la cual protagoniza una de las guitarras eléctricas más potentes que he escuchado este año fuera de Ty Segall) y “Permanent High School” le dan a la experiencia violencia pseudo-melódica con crítica sensacionalista. La línea de inversión en la portada es un montruo en esta nueva dimensión, digna de ser odiada y repudiada por el dolor que ha creado a lo largo de toda la urbe bajo pretensiones de “progreso social”. Y aunque a veces se le pase la mano de “salí de la caverna de Platón por fin”, hay suficiente bajo para entretenerse en esos momentos más desesperantes.

Si hay problemas en este disco es la poca coherencia que tiene al final; es como un caldo de sintetizadores y bajos revueltos que, aunque cada bocado sabe delicioso, el resultado final es demasiado viscoso y oloroso como para echártelo todo de una sentada. Incluso algunos experimentos como “Black Hole” hubieran estado mejor fuera del disco.

Puede ser que a la dimensión que Casablancas nos transporta es uno lleno de entropía y aleatoriedad, pero esto no hace a la experiencia menos grandiosa tomada paso a paso.

 

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