Half Waif – Lavender (Art Pop)

Calificación: 8-/10 (Recomendación)

Alba y ocaso son solo dos caras de la misma moneda. El inicio de un día nuevo con todos los rincones ya iluminados a lo largo del horizonte es magia para muchos, pero una constante carga emocional para otros. Por el otro lado, el final del día en donde la penumbra y la oscuridad inundan nuestras casas puede ser vista simplemente como la hora de dormir y de renovarnos para un nuevo día, o para algunos como esa etapa donde insomnio y pensamientos surgen sin importar que tan tarde sea. Es totalmente subjetiva la idea de qué tanto uno desea abrazar la penumbra o la luz.

Después de la muerte de su abuela, Nadia Plunkett decidió ser del segundo grupo: aquellos que, como se puede ver en la portada de su último disco Lavender, deciden dejar atrás la luz y poco a poco adentrarse a ese mundo donde los objetos no son vistos de forma tan clara pero las emociones sí. A lo largo de Lavender ningún objeto es mencionado y apreciado como objeto mismo; toda flor, todo libro y toda impresión sensorial son solamente imágenes para que nosotros entendamos qué emociones están detrás de Plunkett y de esta transición a la oscuridad.

El nombre del disco es una referencia al ritual que la abuela de Plunkett tenía antes de morir: una vez al mes ella cruzaba su jardín y por unas cuantas horas se dedicaba a verter agua ardiendo en una olla para luego ponerse a hervir lavanda.  ¿Para qué? Nunca se sabe, pero Plunkett lo ve como un ritual de purificación, ya sea para ella o para lo que la rodea. Este tono de misterio y ambigüedad es una constante tanto líricamente como musicalmente a lo largo del disco.

Con sintetizadores 8-bit pero mucho más orgánico de lo tradicional, y percusiones que The Postal Service podría usar en algún disco nuevo, Half Waif no nos lleva a través de la historia de cómo es perder a un ser querido, pero a los efectos que ocurren tiempo después. Toda evocación de su depresión y de sus dudas existenciales es cantada de forma casi idéntica que St. Vincent pero con tanta convicción y emoción de lo que dice que uno no puede dejar más que solamente perderse en este mundo tan conocido pero tan real al mismo tiempo.

Aunque el disco nunca explota ni emocionalmente ni musicalmente como a veces se siente que Plunkett quisiera (“Lilac House” es un claro ejemplo de esto), todos los que han cruzado este paraje a la oscuridad saben que explosiones artísticas no hacen a un hombre cuerdo, solamente estas exploraciones personales lo logran.

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