Chancha Vía Circuito – Bienaventuranza (Electrónica, Folclore, Electropico)

Calificación: 8+/10 (Recomendación Auditiva)

Es increíble la cantidad de tiempo que el movimiento de música electrónica y folclore ha durado. Lo que a primera vista pareció ser un género de novedad como lo son el cumbia-metal o el electro-clásico, terminó convirtiéndose en toda una tendencia y objeto de estudio para decenas de DJ’s a lo largo de toda América Latina, en especial en Argentina y parte de Sudamérica. Así, verdaderos genios se dieron cuenta que este género no era solamente algo “fuera de lo común” que estaba destinado a perecer tan pronto como se popularizara una canción; era una forma de mantener la tradición y el pasado vivos sin miedo a sacrificar la posibilidad de un progreso artístico verdadero. América Latina ha logrado que los ritmos prehispánicos o coloniales pueden coexistir en un aura de progreso musical donde el sonido evoluciona para hacer de la tradición algo nuevo.

Esta exploración no ha venido sin sus costos también. Un género tan específico como este no se ha salvado de tener su mala racha de clichés y de un uso repetitivo de recursos estructurales en el sonido. Un ejemplo de estos es el uso demasiado marcado en el bajo de la producción para crear ese ambiente “electrónico”: Sin falla alguna, existe aquél DJ que percibe al bajo como el componente único a rescatar de la música electrónica, haciendo esto que un sin fin de Samples latinoamericanos sean saturados de bajo únicamente, sin ninguna manipulación significativa además de esta. Pero lo bello de la música y del arte es que, si una tendencia sobrevive lo suficiente, experimentos musicales empiezan a surgir como ideas totalmente nuevas, desechando aquellas ideas que están en sobreuso.

Chancha Vía Circuito, un argentino bajo el nombre de Pedro Canale, es un ejemplo claro de esta salvación. Haciendo uso de texturas de la forma más fina y orgánica posible en su último disco Bienaventuranza, es posible que él haya logrado componer el mejor disco de su discografía hasta la fecha. Música folclórica Peruana y sudamericana son juntadas juntada con una ambientación que te sumerge en un desierto en donde el sonido y el Ayahuasca son equiparables sin riesgo a romper el viaje en ningún instante. Con bajos y agudos usados de forma equilibrada, rasguños que hacen sentir al disco como algo vivo y percusiones sintéticas y no sintéticas convergiendo en ritmos prehispánicos simples, Chancha Vía Circuito logra hacer del sonido en una droga.

Más que ser un disco de baile como es usual en este género, Bienaventuranza se comporta más como un disco de música ambiental en el sentido de que la exploración del sonido es el factor más importante. No importa realmente si uno no sale bailando como chapulín indígena al inicio de canciones como “Los Pastores”, lo que importa es sumergirse en el sonido para ser transportado a rincones de America Látina que no han sido pisada por los seres humanos. Con trucos de producción sutiles como los son los sonidos de grillos a la mitad del desierto y ecos distantes, Canale logra hacer del sonido algo visible y táctil. Las maracas de “Barú”, las percusiones peruanas de “Los Pastores”, los acentos industriales junto a aplausos rítmicos de “Nadie Lo Riega”; todo converge en uno de los casos en donde el sonido cobra vida de una forma literal. Uno puede ver sentir cada sonido.

La música corre por dos avenidas generalmente. Canciones como “Los Pastores” o “Alegría” tienen un aire instrumental cuya existencia es el uso de texturas de forma rítmica de forma hiper-realista; es imposible no escuchar las rasgados en el fondo de “Alegría” sin sufrir un orgasmo auditivo en el camino. Por el otro lado, samples o grabaciones que usan a cantautores un tanto desconocidos como Mateo Kingman Gianluz para dar más baile al disco, sin sacrificar lo orgánico del disco.

Dado el objetivo de Canale de experimentar con el sonido sin la pretensión de usar clichés, muchas veces el sonido llega a contrastar de forma muy diferente a la música hispana con la que se acompaña por periodos cortos. Así, uno no puede sentir que “Niño Hermoso” empieza demasiado electrónico hasta que las voces y las maracas hacen de este canción un poco mejor situada bajo el contexto del disco. Sonidos de electrónica industrial tipo Burial Boards of Canada son usados en canciones como “Sierra Nevada” y “Niño Hermoso” haciendo sentir al disco un poco inconsistente, pero Canale logra salvar todo conforme las canciones avanzan hacia su desarrollo y conclusión. Incluso con el uso de Dembows en “La Victoria” y “Ilaló”, o el uso de comedia en la canción duplicada innecesariamente de “Indios Tilcara” hecha para adaptar a la frase “segundita, segundita” como chiste, el disco no sufre de contradicciones. Toda canción se siente como un experimento bien aplicado e interesante que concuerda con el sonido general del disco en conjunto.

Bienaventuranza es sin duda un logro para la música electrónica en Latino América, para darnos algo más valioso que un baile sinsentido, una pintura creada completamente por sonidos vivos y texturas limpias.

 

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