Deafheaven – Ordinary Corrupt Human Love (Black Metal, Post-Metal)

Calificación: 7-/10

La banda de Black Metal Deafheaven regresa apuntando sus guitarras Flanger hacia el cielo, pero su sonido no alcanza una distancia más lejana a la del sol. Para Deafheaven esto es una derrota por sus estándares altos, pero para el género al que pertenecen esto continúa siendo un triunfo. 

Deafheaven no entiende cómo es que la gente se puede sentir real; tangibles. Atravesando líricas que generalmente giran alrededor de la despersonalización y la depresión que esta trae, George Clarke ha tratado ha esta banda como un dispensario de ideas fenomenológicas y ontológicas dispersas en metáforas extrañas y poco directas para sentirse mejor consigo mismo. En “Canary Yellow” por ejemplo, la letra gira alrededor de paralelismos entre la realidad y piezas de cerámica para recordarnos de la fragilidad con la que nuestros pies llegan a surcar las tierras sin que nos demos cuenta; y de un momento a otro estás perdido sin entender cómo llegaste a ese momento de tu vida, pero ahí estás.

Esta pretensión filosófica es lo que ha hecho tan grande a Deafheaven. Esta banda no supo solamente encontrar un tema de interés en sus letras, pero además supo retratarlo en carne y hueso con su música. Honestamente ni My Bloody Valentine pudo retratar esos momentos de despersonalización y de levedad del ser de forma tan única como Deafheaven lo hizo en Sunbather, su álbum debut. Con guitarras inundadas en eco y voces que parecían extenderse a lo largo de toda la canción por su extensión con ecos, este disco no solo te invitaba a crear tus propias melodías ya que la saturación de ecos te hacía imposible encarar con la melodía principal, pero te invitaba a hacer esto. Nada retrata mejor la enajenación y la perdida de la cabeza como un músico diciéndote “Con el mismo trabajo que te cuesta sentirte vivo voy a hacerte sentir este disco”. Años después, 1 hora de puros acordes perdidos pero recreados por el cerebro hicieron de esta banda en una de las bandas más importantes de Metal en la actualidad.

En su siguiente disco, New Bermuda, Deafheaven intentó atinarle más a la depresión usando contrastes. Violencia y calma eran intercambiados de un segundo a otro para hacer sentir al lector lo cansado y frío que era vivir en este tren de pensamiento, y aunque el disco no lograba atinarle en sus letras a la música con la que estaba hecha, el resultado estuvo fuera de ser algo que no se merezca esta banda neoyorquina. Ordinary Corrupt Human Love tiene un problema parecido a este.

En su nuevo disco la banda se separó de su depresión para ahora comunicarnos lo enajenados que se sienten. La caratula del disco posiblemente retrate esta idea bien: OCHL busca retratar la levedad del ser pero ahora en un ambiente cotidiano y diario; en lugar de estar repleto de sentimientos profundos y puros, este disco trata de verlos con un punto de vista menos existencialista. Esta es la idea tan lo menos porque las letras siguen teniendo esa profundidad metafórica y fenomenológica con la que la banda se ha sentido cómoda todo este tiempo. No se siente tan diferente que en discos pasados.

La música es la que más ha cambiado, y menos enfoque parece tener ahora. Usando algo más cercano al Post-Rock que al Post-Metal, Deafheaven le han bajado varios niveles de distorción y eco a sus guitarras para crear pasajes que parecen a Explosions in the Sky Mono. “Night People” llega a sonar incluso como Mogwai, el momento más bajo de todo el disco.

Todos aquellos que busquen un sonido nuevo en la música de Deafheaven van a acabar insatisfechos porque este disco está saturado de ideas recicladas por el post-Rock de los 2000’s. Ya sea la guitarra aguda que crea acordes lentos y después más agudos, las guitarras con palm mute que se repiten con tanto eco que vibran, o los ritmos de batería lentas que se van alentando y acelerando conforme la guitarra Flanger lo dicta. Cosas así hacen de este disco en el menos imaginativo en la carrera de Deafheaven. Tampoco ayuda que la mayoría de las canciones estén armadas para que cada canción esté dividida en segmentos de 2 minutos en donde un ritmo de guitarra simple es repetido varias veces para entender qué es lo que debes de escuchar.

Pero en un sentido más amplio es donde el disco triunfa. Con una longitud de 1 hora y una producción desnuda, las partes más violentas como “Honeycomb” o la segunda parte de “Canary Yellow” logra crear muros de sonidos lo suficientemente difusos como para recordar a ese Deafheaven que te vaporiza. Incluso hay veces, aunque las son contadas, en donde pasajes Post-Rock son intercambiadas por pasajes Metal de forma limpia y coherente, como lo es el final de “Yellow Canary”. Ideas así hacen que los pasajes más aburridos sean borrados de la mente tras 2 minutos de muros de sonidos que te sacuden el cráneo.

Y es así como Deafheaven se mantiene fuerte todavía: no sacando el mejor disco de su repertorio, pero sí recordándonos que su sonido va a seguir cambiando conforme sus sentimientos lo busquen ya que no hay música buena sin el intento de crear sentimientos a través de esta. Solo esperemos que no se les olvido que son una banda de Metal, y no una de Post-Rock.

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