Tim Hecker – Konoyo (Ambiental, Drones, Trippy Ensemble, Experimental)

Calificación: 7+/10

Alistando al músico japones Monotori Miura y un ensamble Gagaku (músicos de la corte imperial japonesa), Tim Hecker ha regresado con una dinámica muy parecida a la que su disco Virgins utilizó anteriormente. Improvisaciones libres entre máquina e instrumentos ancestrales configuran a este disco como algo difuso, pero sentimental y evocativo. Aunque el camino a seguir nunca es claro en cada canción, uno no deja de sentirse tan calmado como un monje budista dentro de una tienda departamental. 

Tim Hecker se ha vuelto en uno de los pilares de la música experimental de estos años. Creando historias (como en Ravedeath, 1972) o ambientes (como en Virgins) sin utilizar más que sintetizadores e instrumentos, Hecker ha logrado crear mundos enteros junto con sentimientos y emociones que los encapsulen con ideas tan grandes que impresiona que nazcan de lo más chico. Y, por muy callado y experimental que su música sea, uno siempre logra descifrar cuál es su objetivo en cada proyecto.

Mientras que en discos pasados Hecker funcionaba alrededor de composiciones directas en donde su ensambles de instrumentos eran creadores de texturas y no tanto de ideas, en este disco Hecker decidió convertirse en participante y no en líder. Así, cuando este alistó a el músico Monotori Miura y a un ensamble Gagaku, en lugar de explicarles y de darles una partitura a seguir optó por crear composiciones improvisadas. Mientras que Tim Hecker usaba un sintetizador que evocara cierto sentimiento para él y el ensamble tenía que seguir a esta dirección sentimental. Es por esto que la mayoría de las canciones en ese último proyecto suenan tan difusas; no hay mucha estructura de por medio, solo creaciones liderada por sentimientos en donde hombre y máquina convergen en una sola cosa.

Este experimento sirve para ambientar y crear sentimientos de una forma impresionante. A lo largo de todo Konoyo uno no deja de llegar a entender esa calma a la que las religiones y filosofías orientales hacen referencia. La repetición sistemática de “Across to Anoyo”, por ejemplo, es como un mantra que uno se repite una y otra vez hasta que la mente se libera. Poco a poco una va escuchando más cosas (estática, lluvia, y caos electrónica al final), pero este mantra nunca se despega de uno mismo.

Esta calma que el disco trae logra ser transformada en algo diferente a esa percepción genérica oriental de “música oriental tradicional”. En lugar de enfocarse en el pasado, Hecker ve hacia el futuro y los sintetizadores son los que lideran a este disco, no viceversa. Esto causa uno de las ambientaciones más extrañas posibles; uno se siente tan calmado como en un bosque, pero tan atrapado en electrónica como en una oficina. Es por esto que el ambiente de este disco es tan único: en lugar de transmitir viento, transmite aire acondicionado con calma; en lugar de crear felicidad y filosofía con tradición oriental, crea futuro y meditación con sintetizadores; en lugar de situarte dentro de un templo budista, te sitúa dentro de un Wal-Mart y te obliga buscar calma dentro de los electrónicos.

Las fallas más grande con este disco son también sus virtudes. Muchas de las canciones tienen una estructura tan vaga que el resultado final no puede ser racionalizado y solo sentido. Canciones como “A sodium codiac haze” y “In a mother earth phase” que nunca logran despegar son distracciones un poco grande de donde está el verdadero material. Además, muchos de los experimentos a lo largo del disco son repetidos numerosas veces, haciendo que muchas canciones se sientan parte de una misma canción ya conocida. En parte esto es lo que se busca, no puede haber improvisación sin un poco de repetición, pero esto no hace del resultado en algo mejor.

Pero cuando el disco no falla uno es recordado de los mejores momentos de Virgins y de las razones por las que Hecker es una fuerza tan grande en la música ambiental. Cuando “Across to Anoyo” termina con un paralelo entre falutas y sintetizadores indistinguible uno no puede ser más que transportado a otro continente en otra época en donde la calma y las máquinas son lo mismo, cuando “Keyed Out” inicia con sus sintetizadores entrecortados para luego ser sustituidos por sonidos de taladros y hacer de la calma en algo amenazado los experimentos le traen chinitos a la piel, e incluso el inicio de “In Death Valley” en donde una instrumentación más obvia y oriental traen imágenes vivas de lo que ocurre dentro del estudio, por mucho que esta canción se la más débil de todo el disco con lo usual de su melodía repetida, es fácil de apreciar.

Puede que Hecker no ha regresado con texturas e historias tan apasionantes como en sus discos pasados, pero sin duda sigue lleno de ideas y de experimentos interesantes que lo hace en un música indispensable para todo aquél que guste de los experimentos densos, y los ambientes fuertes.

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