Kurt Vile – Bottle It In (Folk Rock, Country Rock, Indie Folk, Psychedelic Folk)

Calificación: 7-/10

Dejando de lado el estilo rústico de su disco pasado b’lieve i’m going down… y regresando a las composiciones cíclicamente masivas y densamente producidas (¿O sobreproducidas?) de Wakin On A Pretty Daze, Kurt Vile no ha reinventado la rueda en su nuevo proyecto pero la ha pintado de colores tan bonitos que no importa la falta de frescura. Y con esta nueva producción Ultra High-Definition 4K Deluxe que ha adoptado, las canciones más largas del disco tienden a convertirse en un viaje espiritual en donde los trucos de producción llevan a uno por cientos de caminos para complementar esa repetición hipnótica, arpegiada y detallada. Pero las canciones más cortas son bastante malas.

Kurt Vile, soñador Folk, instrumentalista y productor, ha regresado con un disco que nos recuerda que estas tres palabras son el basamento para todos sus discos. Con una multitud de instrumentos que van desde el xilófono hasta el órgano, Vile ha regresado para crear un ambiente de ensueño en su música que es complementado con canciones repetitivos basadas en progresos en la producción y no en la composición. Canciones de 10 minutos pueden tener un arpegio base que se repita a lo largo de toda la canción, pero la canción nunca cansa gracias a la manipulación que Vile le agrega a sus canciones. Estática, sonidos de ensueño, aumentos de Flanger, cambios sutiles, y otros truquillos bonitos hacen que sus canciones más largas sean lo mejor de este nuevo proyecto.

Kurt Vile había ya introducido en Wakin A Pretty Daze este estilo que lo convirtió en uno de los artistas de Folk más reconocibles del momento. No muchos tienen la habilidad para componer una canción basada simplemente en arpegios con la complejidad que la música de Vile adquiere gracias a sus múltiples instrumentos y a su producción detallada, y esta combinación que este disco introdujo le ha ganado amor por todos. Dos años después decidió quitarse de encima toda esa producción loca y enfocarse en sus dotes en la composición de música, ganando un aplauso por unos pero un bostezo por otros. b’lieve i’m goin down… fue un disco bueno pero incompleto en donde lo rústico mostraba lo mejor y lo peor de la música de Vile, además de que cometió el terrible error de poner su mejor canción, “Pretty Pimpin”, al principio del disco lo cual le quitaba gran parte del atractivo a escuchar este disco.

Ahora la producción densa regresó, y con ello las excusas para escuchar su música. Bottle It In agarra mucha de las ideas que sus discos pasados tenían, las envuelve en una producción más detallada y atmosférica, y las lanza con una lentitud y calma que el resultado no queda lejos de la verdadera personalidad de Vile. Acordes y arpegios acústicos son retroalimentados con efectos de sonido de una manera llleeennntttaaa pero progresista gracias a las habilidades de producción que Vile ha adquirido con el tiempo, creando ciclos en su instrumentación pero un progreso en la producción para no quitarle lo interesante a la música.

Esto sirve para las canciones más largas como lo son “Yeah Bones”, “Bassackwards”, “Skinny Mini”, “Bottle It In” o incluso “One Trick Ponies”. Pero al ser aplicado a canciones más cortas todo termina sonando sobreproducido y un tanto horrible. “Rollin With The Flow” se caracteriza por esto, siendo un intento de recrear un ritmo a las 70’s pero fallando por toda la producción de atrás que lo acompaña, y por igual “Cold Was the Wind” y “Hysteria” sufren de tener melodías un tanto vacías que no son rescatadas con la producción abrumadora.

La razón por la que esto ocurre es porque Vile crea canciones tan densas en la producción que solamente un ciclo de melodías simple de percibir va a poder hacer que el cerebro pueda escuchar a la producción sin confundirse entre los cambios de acorde y los cambios de texturas. La forma en la que “Bassackwards” repite y repite y repite su acorde le da hincapié a Vile para no perder al oyente y así crear cualquier cambio en la producción que se le dé la gana. No hay confusión, solo progreso si esto se aplica bien.

Las letras de este disco son, al igual que la música, lo más Kurt Vile de lo Kurt Vile. A veces filosofando sobre la felicidad y la llegada de esta usando al día como una metáfora, a veces hablando de entrevistas, a veces hablando de su familia, Vile se la pasa filosofando sobre su vida personal de una manera lenta y meditativa, parecida a la de un Hippie en calma, pero con más acento sureño que tu Hippie usual.

Este disco es entretenido y tiene trucos de producción que hace volar a la cabeza a ratos. Puede que no sea un cambio en ningún sentido, pero el resultado tiene suficiente material para ser escuchado y poder sonreír de toda la maraña que los instrumentales saturan a los oídos.

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